Tres conceptos: Infierno, lago de fuego y muerte.

Cortesía del Diccionario teológico.

INFIERNO—[Del hebr. sheol; del gr. hades, y del lat. infernus, lugar que queda bajo la tierra. Lugar de suplicio, penas y azotes, creado por Dios, para que estén las almas de los inicuos hasta que se instaure el juicio final. Para la escatología bíblica, el infierno es sólo un lugar intermedio. De allí los no creyentes han de resucitar para ser lanzados en el lago de fuego. He aquí algunas verdades bíblicas respecto al infierno:

1) Fue creado por Dios (Mateo 25:41).
2) Por lo tanto, su mandatario es Dios mismo.
3) Es el lugar de reclusión de las almas impías (Lucas 16:23).
4) Nada tiene que ver con el purgatorio (Hebreos 9:27).
5) El infierno mismo habrá de ser lanzado en el lago de fuego (Apocalipsis 20:14).

CASTIGO ETERNO—[Del hebr. pakad, visitar + y olam, que no tiene fin] Castigo infligido a los que rechazan la gracia de Dios. Estos, que tuvieron tanta oportunidad para experimentar el amor divino, y no lo quisieron, serán echados en el lago de fuego y azufre para siempre (Marcos 9:47, 48).
He aquí las características del castigo eterno: fuego que no se apaga, tinieblas de afuera (Mateo 8:12). Es un lugar donde el gusano no muere (Marcos 9:48), donde hay llanto y crujir de dientes (Lucas 13:28) y donde los impenitentes serán atormentados con muchos azotes (Lucas 12:47). En Apocalipsis se describe como el lago de fuego (20:11–15; 21:8).

La muerte
Juan da a entender que hay tres tipos de muertes. En principio, la muerte espiritual que es un estado de alineación de Dios. Alguien que dice tener vida, puede carecerla (3:1). El remedio para la muerte espiritual es la vida espiritual que se consigue por medio de la salvación. Luego tenemos la muerte física, que es el fin de la vida en el cuerpo terrenal. Ocurre cuando el espíritu de vida abandona el cuerpo. Esta muerte se ve a veces como un final del tormento (9:6). Pero Jesús advirtió que la resurrección quebrantaría el poder de esta muerte, siendo su propia resurrección la garantía más segura. En el caso del incrédulo, la resurrección es para condenación en el lago de fuego y azufre (20:12ss), mientras que para el cristiano es para un estado de gloria eterno (21:4).
Finalmente tenemos la muerte eterna, que es el estado final del incrédulo, la continuación eterna de la muerte espiritual (20:14). Merece castigo tanto por sus obras (20:12, 13; 21:8) como por haber rechazado al Hijo de Dios.
Para el creyente el estado después de la muerte, mientras espera la resurrección, es de felicidad (5:9; 6:11; 7:10, 16s; 14:13; 19:8). La persona está consciente (6:10; 7:9, 15; 14:3; 20:4). Por el contrario, para el caso del incrédulo el lugar es el hades (6:8). Es un lugar que entregará sus cautivos al lago de fuego y azufre (20:14).
No hay mucha diferencia entre el abismo y el hades. Aparentemente las huestes satánicas están relacionadas con el primero, mientras que los humanos con el segundo. El abismo tiene un gobernante espiritual (9:11), tanto la bestia surge de allí (11:7; 17:8) como las langostas (9:1–10), pero la consumación de ambos es en el lago de fuego y azufre (Mt. 25:41).

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