Crisis de fe

Por Andy Stanley

“Cuando las personas describen su peregrinar en la fe, siempre incluyen sucesos que se podrían describir como «momentos definidores». Algunos de ellos son buenos: recibieron una beca, descubrieron una nueva oportunidad, se casaron, tuvieron un hijo, recibieron un

ascenso o fueron transferidos a otro trabajo. Pero con la misma frecuencia, estos momentos definidores comprenden dolor y desilusión: la muerte de un familiar o amigo, un divorcio, una larga enfermedad, un cambio de trabajo, la traición de un amigo. Como sabes, cuando de la fe se trata, las circunstancias nos pueden afectar en ambos sentidos. Un suceso positivo puede afectar la fe de una manera adversa, o fortalecerla. Unas circunstancias adversas pueden dañar la fe de la persona, o hacerla más profunda. Las personas pierden la fe cuando la vida se les vuelve demasiado fácil, pero también pierden la fe ante una tragedia. En ambos sentidos, la vida tiene el potencial de causar un impacto en la fe, para el bien o para el mal.”

“El desafío que significa este catalizador es que no tenemos forma de programar una circunstancia crucial. No la vemos venir. No la programamos en nuestra agenda. Y nunca sabemos cómo va a impactar nuestra fe hasta que estamos en medio de ella. Así que este catalizador es un poco escabroso. Sin embargo, como sabrás por tu propia historia personal, los sucesos de la vida que son grandes, cargados de emoción e inesperados son factores importantes en el desarrollo o la erosión de nuestra seguridad en Dios. Por consiguiente, nosotros decidimos que eran demasiado grandes para ignorarlos, a pesar del hecho de que estas circunstancias cruciales forman una categoría propia y única. De manera que nos pasamos una buena cantidad de tiempo analizando qué hace que exista esta diferencia en cuanto al “sentido en que una circunstancia crucial empuja a la persona con respecto a su fe. Al compartir nuestros encuentros personales con las sorpresas de la vida, y el efecto que estos sucesos habían tenido sobre nuestra fe, llegamos a la siguiente conclusión: En realidad, no fue el suceso en sí el que hizo crecer o socavó nuestra fe, sino que fue nuestra interpretación del suceso la que determinó la dirección que tomaríamos. Las conclusiones que sacamos acerca de Dios en medio de nuestras circunstancias cruciales son las que nos llevan hacia él, o nos alejan de él.”

“Uno de los hombres más ricos de los Estados Unidos, un hombre que ha influido en la vida de todos y cada uno de nosotros por medio del desarrollo de una distribución internacional de medios de comunicación, creció con el deseo de ser misionero. Cuando él era aún joven, su hermana contrajo leucemia. Según él mismo cuenta la historia, tanto él como su familia oraron y oraron. A él le dijeron que si tenían fe suficiente, su hermana sobreviviría. Cuando ella no sobrevivió, él decidió que si acaso existía un Dios, ciertamente no se podía confiar en él. Se alejó de la fe y nunca volvió a mirar atrás. Interpretó la muerte de su hermana como una evidencia de la debilidad, la falta de atención o incluso la no existencia de Dios. Sin embargo, al igual que yo, tú conocerás personas que han andado por ese mismo camino, y han salido al otro lado con una fe más fuerte en Dios. ¿La diferencia? Su interpretación.”
“Steve Jobs pasó por una crisis de fe similar. En la portada de la edición del 12 de julio de 1968 de la revista Life había una perturbadora fotografía donde aparecían dos niños procedentes de la región de Biafra, destrozada por la guerra. “Biafra era un estado secesionista de Nigeria que mantuvo su independencia solamente dos años y medio, antes de ser integrado de nuevo en Nigeria. Más de un millón de personas murieron en ese tiempo, ya fuera a causa de la guerra civil o del hambre. A sus trece años, a Steve se le hizo imposible reconciliar esa fotografía con las lecciones que le estaban enseñando en su iglesia luterana local.
Mientras que el muchacho promedio de trece años de edad se habría encogido de hombros y habría seguido con su vida de trece años, Steve quiso obtener respuestas. Su biógrafo, Walter Isaacson, describe lo que sucedió después:”
“Steve la llevó (la revista) a la Escuela Dominical y se le enfrentó al pastor de la iglesia. «Si yo levanto un dedo, ¿sabrá Dios cuál dedo voy a levantar, aun antes de que lo haga?». El pastor le respondió: «Sí, Dios lo sabe todo». Entonces Jobs sacó la portada de la revista Life y le preguntó: «Bueno, ¿sabe Dios esto y lo que les va a suceder a esos niños?»
La respuesta que recibió no fue del todo aceptable. Según Isaacson, después de aquella conversación, Steve nunca regresó a la iglesia. Pero no fue la fotografía que había en la portada la que socavó su fe. Fue la forma en que interpretó la fotografía la que lo alejó de la iglesia. Las conclusiones a las que llegó fueron las que hicieron que su Dios de la Escuela Dominical y aquellos niños famélicos fueran irreconciliables.”

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