Meditación: “Lo que moldea la mente forma la vida”

Primera sección: Antecedentes de la palabra “meditar”. (La segunda sección puede ser aplicada en Grupos de Crecimiento)

Desde un punto de vista bíblico, esta palabra está casi exclusivamente relacionada con el AT. La palabra griega meletaō, traducida «meditar» aparece dos veces solamente en el NT:  la forma promeletaō, «meditar con anticipación», es la palabra clásica para indicar la preparación de un discurso con antelación (Lc. 21:14); (2) meletaō, «meditar», significa ser cuidadoso, preocuparse, ser diligente en estas cosas; de meletē, cuidado o práctica (1 Ti. 4:15).

El derivado latino es meditare, «reflexionar», «ejercitarse en», «practicar». En las varias formas del AT, dos palabras hebreas, hāḡāh y śîaḥ se traducen «meditar». Ellas señalan a «aquel musitar silencioso y secreto al que se exhorta a los hijos de Dios».

La meditación es «una conversación dentro de la mente lo cual impulsa a hablar. Es el susurro íntimo del corazón». De esta forma, la meditación es una forma de devoción privada o ejercicio espiritual consistentes en una profunda y continua reflexión sobre algún tema religioso.

Observemos el siguiente verso:

Todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Lucas 2.18–19

¿Cómo no iban los pastores a sentirse maravillados por lo que les había tocado vivir? Recordemos que estos eran hombres sencillos. Sus vidas transcurrían en la quietud y la soledad de los que viven al aire libre, acompañando y conduciendo a sus ovejas con el ritmo pausado propio de su oficio. Repentinamente, irrumpió sobre esta existencia pacífica una escena de proporciones dramáticas y sobrenaturales. ¡Un ángel del Señor se les apareció y la gloria de Dios se manifestó a su alrededor! El ángel calmó sus temerosos corazones y les compartió las buenas nuevas de Cristo. No había terminado de hablar cuando una multitud de huestes rodearon al ángel, proclamando las maravillas del Altísimo.

Con la sencillez de los humildes fueron al lugar que les había sido indicado y encontraron al niño Jesús exactamente donde debía estar. Seguramente esta segunda experiencia añadió una cuota adicional al asombro de los pastores. Podemos imaginar que, quizás, se interrumpían entre ellos para dar los detalles de lo que les había acontecido. Y todos los que les oían también se contagiaban del mismo sentido de maravilla que ellos.

Así es nuestra reacción frente a las manifestaciones de lo divino. Puede ser porque se nos haya concedido presenciar una visitación especial del Señor sobre la vida de una persona allegada a nosotros, o porque hemos visto al Señor tocar milagrosamente a un enfermo, o porque una persona resistente al evangelio se ha quebrado, para entregarse finalmente a la insistente invitación de Cristo. Sea cual sea esta manifestación, nos deja con una sensación de euforia y entusiasmo.

Al testimonio de la experiencia de los pastores el evangelista agrega este pequeño comentario: «Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón». Al comenzar con la palabra «pero» nos está ayudando a entender que la madre de Jesús había adoptado una postura que contrastaba con la de los pastores. ¿Es que ella no había experimentado ningún tipo de asombro? ¡Lo dudamos!, pues seguramente ella no cesaba de sorprenderse continuamente por la forma en que Dios estaba obrando en su vida. El contraste de su reacción se debe a que añadió una actitud de meditación al asombro que había vivido. Es decir, María entendía que detrás de estas increíbles manifestaciones del Altísimo, había una realidad espiritual que debía ser entendida. Esta comprensión le sería concedida a aquellos que estaban dispuestos a detenerse en lo vivido para dedicarle un análisis cuidadoso y atento en los lugares secretos del corazón.

Esta es una actitud de madurez digna de imitación. Más allá de nuestro entusiasmo momentáneo, Dios nos llama a meditar en los acontecimientos y las experiencias que nos tocan vivir. Es por medio de la meditación que la dimensión completa de lo vivido, en toda su riqueza y profundidad, nos será revelada.

Segunda Sección:

Esta sección que esta a continuación es la parte resumida que se puede compartir en los grupos de crecimiento

En el Salmo 1: 1-3 encontramos lo siguiente:

Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
Ni estuvo en camino de pecadores,
Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;

Sino que en la ley de Jehová está su delicia,
Y en su ley medita de día y de noche.
Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
Que da su fruto en su tiempo,
Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace, prosperará.

El cristiano se goza en escudriñar la Biblia, pero aun cuando no siente un deseo especial, sigue siendo su “voluntad” y su hábito hacerlo. Medita de día y de noche. La palabra heb. para “meditar” lit. significa “susurrar”. Refleja la manera en que estudiaron los rabinos, repitiendo en un murmullo las palabras que leían. Nos indica que debemos asimilar la Palabra de Dios; debemos pensarla y aplicarla a nuestra vida. De día y de noche (v. 2). Los miembros generales de la comunidad de Qumrán (judíos cerca del tiempo del Jesús) tomaron esto muy lit. En su comunidad, era necesario que la Biblia estuviera siendo meditada siempre, en todo momento, las 24 horas de todos los días. Por lo tanto, los miembros generales de la comunidad debían vigilar la tercera parte de las noches del año estudiando la ley y adorando juntos. Tal vez no tenemos que ser tan legalistas. Pero el que ama a Dios va a tomar tiempo para conocer su voluntad que se perfila en su revelación. Una persona que no encuentre el propósito de su vida, vive en un vacío, no es bienaventurada. En la revelación de Dios se encuentra el significado de la vida. Todos, como Josué, un hombre de acción, tienen que meditar en la Palabra de Dios (Jos. 1:8). Lo que moldea la mente forma la vida; si nuestra mente está moldeada por la Biblia, los efectos serán evidentes en todos los aspectos de la vida, como el próximo versículo aclara.[1]

Para pensar:

«La reflexión espiritual siempre nos confronta con la persona de Jesús y nos llama a vestirnos de su carácter, sus pensamientos, sus hábitos, su pasión y su compasión».

R. Foster.[2]


[1] Carro, D., Poe, J. T., Zorzoli, R. O., & Editorial Mundo Hispano (El Paso, T. (1993-). Comentario bı́blico mundo hispano Salmos (1. ed.) (65). El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano.

[2] Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

One Response to “Meditación: “Lo que moldea la mente forma la vida””

  1. Jose says:

    el titulo “Lo que moldea la mente”..uno piensa que se hablar concretamente del tema, pero solo hacen una referencia de epoca navidena que no tiene nada que ver con lo que se plantea. Si dan un titulo…den algo que guarde relacion.

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