Pidió Misericordia

Lectura bíblica: Marcos 10:46–52

Marcos 10:51 Aquí está el “informe” de lo que pasó cierto día en Jericó, según lo describe la Biblia. (Nosotros agregamos la parte del alcalde). Los líderes de la ciudad y un gran gentío escuchan al alcalde de Jericó mientras se empujan unos a otros por la puerta del camino a Jerusalén: —Y queremos expresarle nuestra gratitud a usted, Jesús, por su breve visita… Una voz que viene de atrás del gentío interrumpe al orador: —Jesús, Hijo de David —grita un hombre—, ¡ten misericordia de mí! —Cállate, ciego tonto —le gruñe uno de los hombres importantes. El alcalde mira a Jesús nerviosamente y sigue: —Queremos agradecerle… —¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! Esta vez la voz que viene de afuera del círculo es más fuerte y exigente. —¡Cállate, viejo mendigo! —dicen varios duramente. Pero Jesús está visiblemente conmovido por el ruego. Llama al mendigo ciego llamado Bartimeo para que se acerque, y lo cura. ¿Qué causó que Jesús distrajera su atención del gentío y la enfocara en un mendigo ciego? Quizá fue su grito pidiendo misericordia.

“Misericordia” es la compasión que causa que uno brinde alivio a otro que sufre. Una persona “misericordiosa” es la que siente el dolor de los demás y los alivia. Los grupos como la Cruz Roja demuestran misericordia con sus programas extensos y organizados. Pero nosotros podemos mostrar misericordia por medio de acciones sencillas como consolar a un hermanito o hermanita y vendarle la rodilla que se raspó. O escuchar los problemas de un amigo. O ayudar a papá o mamá cuando su carga es demasiado pesada.

Dios dijo acerca de sí mismo: “¡Jehovah, Jehovah, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y grande en misericordia y verdad…!” (Éxodo 34:6). Y Moisés dijo acerca de Dios: “Porque Jehovah tu Dios es Dios misericordioso” (Deuteronomio 4:31).

Dado que Jesús era Dios en un cuerpo humano, no nos extraña que la misericordia era una de las características principales de su ministerio terrenal. Su corazón misericordioso se conmovía ante el sufrimiento ajeno, y su poder le permitía sanar y librar a las personas de sus dolores. No hay dolor, temor ni soledad que Jesús no comprenda.

Cuando acudes a él clamando: “Señor, necesito ayuda” Cristo te responde con compasión. A veces detectas sus acciones bondadosas cuando cura milagrosamente el cuerpo de alguien, como en el caso de Bartimeo. Otras veces lo detectas a través de algún amigo cristiano que se preocupa por ti. Jesús sentía mucha misericordia por el pobre Bartimeo, y Dios tiene la misma gran misericordia reservada para ti cuando acudes a él para que te ayude.

PARA DIALOGAR: ¿En qué aspecto de tu vida necesitas la misericordia de Dios? ¿Has clamado a él pidiendo su ayuda?

PARA ORAR: Cuéntale hoy a Dios tus necesidades más profundas, y confía que las satisfará.

PARA HACER: Imita hoy a Jesús. ¡Muéstrale a un amigo o familiar mucha misericordia celestial!

Cortesia y agradecimiento a:McDowell, J. J., Kevin. (2005). Devocionales para la familia : McDowell, Josh. El Paso, Texas, EE. UU. de A.: Editorial Mundo Hispano.

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