La vida eterna es…eterna

Cortesia de TEOLOGIA BASICA de Charles C. Ryrie. Disponible en Librerías Cristianas.

Fundamentalmente, la seguridad se basa en la gracia de Dios y en el hecho de que la vida eterna es una dádiva y que es eterna. Cuando una persona cree en Cristo, es traído a una relación con la Deidad que asegura que su salvación está garantizada. Por supuesto, esto solamente es verdad en cuanto a las personas que han nacido de nuevo. Hay quienes profesan pero no poseen vida. Algunas veces podemos hacer un juicio razonablemente seguro tocante a si un individuo solamente profesa sin realmente poseer la vida eterna. En otros casos no nos es posible. Pero la salvación de la persona regenerada es segura debido a la relación con Dios que ésta tiene por la fe.

A. Razones relacionadas con el Padre

1. Su propósito. Dios se propuso glorificar al mismo grupo que El predestinó, llamó, y justificó (Romanos 8:30). Esta declaración audaz sería imposible de hacerse si cualquiera de aquel grupo pudiera perder su salvación. De ser así, entonces los que El justificó no serían el mismo número de los que El glorificó. Pero el texto dice que serán los mismos.

2. Su poder. La mayoría estaría de acuerdo en que el poder de Dios puede guardar al creyente (y así es, Judas 24), pero algunos sostienen que puede ser anulado por una persona que renuncia a su fe. Pero el Señor dijo que estamos seguros en Su mano y en la mano del Padre y que nadie puede arrebatar al creyente de la posición segura (Juan 10:28–29). Ahora bien, “nadie” significa nadie, incluyendo al individuo mismo. La promesa no dice que nadie, excepto uno mismo, puede arrebatar al creyente de la mano de Dios: dice, simplemente, nadie.

B. Razones relacionadas con el Hijo

1. Su muerte. Pablo hace dos preguntas en Romanos 8:33–34: ¿Quién acusará a los escogidos de Dios?, y: ¿Quién los condenará? Su respuesta de que nadie puede hacerlo se fundamenta en la muerte, resurrección, intercesión, y abogacía de Cristo (v. 34). Si algún pecado pudiera deshacer la salvación de un creyente, y si, de hecho, éste puede perder esa salvación, entonces la muerte de Cristo no pagó por ese pecado. Pero sí lo hizo, afirma Pablo. Nuestro Señor mismo también declaró que El no perdería nada de lo que el Padre le diere (Juan 6:39–40) —todos los que creen en El serán resucitados en el día postrero, no todos los que creen y perseveran.

2. Sus oraciones. El ministerio actual de Cristo en el cielo de orar por los Suyos consta de dos aspectos: un ministerio preventivo (intercesión) y un ministerio curativo (abogacía). Su oración en el capítulo 17 de San Juan ilustra el aspecto preventivo. Allí El oró que fuéramos guardados del maligno (v. 15), santificados (v. 17), y unidos (v. 21), que estuviéramos en el cielo con El (v. 24), y que pudiéramos contemplar Su gloria (v. 24). Debido a Su intercesión continua por nosotros El puede salvarnos completa y eternamente (Hebreos 7:25).

La abogacía entra en acción cuando pecamos (1 Juan 2:1). Además, si algún pecado pudiera deshacer nuestra salvación (y cualquier pecado bastaría), entonces Satanás tendría un argumento sólido contra cualquier creyente siempre que pecare (Apocalipsis 12:10). El pudiera demandar justamente la condenación eterna del cristiano, y si no fuese por nuestro Abogado, seríamos condenados. Pero el Señor señala hacia Su obra en el Calvario que quita la culpa de todos nuestros pecados, los cometidos antes y después de la salvación, y esto es suficiente para responder a la acusación de Satanás.

Yo pequé. Y pronto, a toda velocidad, Satanás voló

a la presencia del Altísimo Dios,

e hizo una acusación injuriosa allí.

El dijo: “Esta alma, esta cosa de arcilla y lodo,

ha pecado. Es cierto que ha invocado Tu nombre,

pero yo demando su muerte, porque Tú has dicho:

‘El alma que pecare, esa morirá’. ¿No será

cumplida Tu sentencia? ¿Ha muerto la justicia?

Manda ahora a este miserable pecador a su perdición

¿Qué otra cosa puede el Rey justo hacer?

Y así me acusaba de día y de noche.

Y cada palabra suya, oh Dios, ¡era cierta!

Entonces presto se levantó Uno de la diestra de Dios,

ante Cuya gloria los ángeles velaron sus ojos,

y dijo: “Cada jota y tilde de la ley

se tiene que cumplir; el pecador culpable ¡muere!

Pero espere —suponga que toda su culpa fuese transferida

a Mí, ¡y Yo pague por su falta!

¡Contempla Mis manos, Mi costado, Mis pies! Un día

Yo fui hecho pecado por él, y morí para que él

pudiese ser presentado sin culpa, ante Tu trono!”

Y Satanás huyó. Pues muy bien sabía

que contra ese amor nada él podía,

¡porque era verdad cuanto dijo mi Señor querido!

—Martha Snell Nicholson

C. Razones relacionadas con el Espíritu

1. El regenera. Si nacemos de nuevo por el Espíritu cuando creemos, entonces, si pudiéramos renunciar a nuestra fe para perder nuestra salvación, tendrían que quitarnos también el nuevo nacimiento.

2. El mora dentro. Si la salvación pudiera perderse, entonces la presencia del Espíritu dentro de la vida del creyente tuviera que ser quitada. El cristiano quedaría deshabitado.

3. El bautiza. El Espíritu une al creyente al cuerpo de Cristo cuando éste cree (1 Corintios 12:12); por lo tanto, si la salvación se perdiera, el cristiano tendría que ser separado del cuerpo de Cristo.

4. El sella. El Espíritu sella al creyente hasta el día de redención (Efesios 4:30). Si la salvación se puede perder, entonces Su sellamiento no sería hasta el día de la redención sino sólo hasta el día de pecado, apostasía, o incredulidad.

Por supuesto, las Escrituras en ninguna parte dan a entender que un cristiano puede perder el nuevo nacimiento, quedar deshabitado, ser separado del cuerpo de Cristo (mutilando así Su cuerpo), o ser “dessellado”. La salvación es eterna y completamente segura para todo aquel que cree.

Ciertamente, los creyentes pecan y se les amonesta en contra de profesiones falsas e inmadurez cristiana, pero Dios nunca quita Su dádiva de la salvación una vez que se haya recibido. Los creyentes no siempre perseveran en la piedad. Pedro no lo hizo (Gálatas 2:11). Muchos creyentes efesios no lo hicieron (Hechos 19:18). Lot no lo hizo (2 Pedro 2:7). En el tribunal de Cristo habrá algunos cuyas obras serán quemadas y serán salvos así como por fuego (1 Corintios 3:15). Aunque todo creyente producirá algún fruto (4:5), es difícil, si no imposible, determinar cuánto o de qué clase cada uno ha de llevarlo y así juzgar la condición espiritual de un individuo.

V. Algunos Pasajes “Problematicos”

Ciertos pasajes a veces se han entendido en el sentido de que invalidan la doctrina de la eterna seguridad. Examinaremos algunos de éstos para a lo menos demostrar que hay una interpretación razonable que no contradice la doctrina de la seguridad.

A. Pasajes que amonestan en contra de suplantar la gracia con la ley

Dos pasajes severamente advierten contra el intento de reemplazar la vía de la gracia con la vía antigua de la ley. En Gálatas 5:4 Pablo claramente declara que aquellos que intentan ser justificados por la ley han “caído de la gracia”

Es decir, el tratar de usar la ley como base para la justificación es caer de la gracia, la cual provee la única manera de ser justificado.

La misma clase de advertencia aparece en Hebreos 10:26–31. Aquí el escritor advierte que si una persona rechaza la verdad de la muerte de Cristo por el pecado, ya no queda ningún otro sacrificio para el pecado disponible y ninguna otra manera de llegar a Dios. Tal incredulidad trae consigo el triple veredicto que se expresa en el versículo 29.

B. Pasajes que advierten contra la pérdida de premios (pero no de la salvación)

Pablo habla muy claramente de esta posibilidad en el pasaje de la “carrera”, 1 Corintios 9:24–27. Las carreras se corren para obtener premios, y el mismo Pablo sintió la necesidad de vivir una vida disciplinada para no ser finalmente desaprobado, no eliminado de la carrera, ni privado de sus coronas.

La ilustración de nuestro Señor de la Vid y los pámpanos enseña la misma verdad básica (Juan 15:1–17). Estos pámpanos están en El, de ese modo refiriéndose a creyentes. A los creyentes, pues, se les exhorta a permanecer en El para poder llevar fruto. Permanecer significa cumplir los mandamientos de Cristo (v. 10 y 1 Juan 3:24). El creyente que no permanece, aunque todavía está en Cristo y, por lo tanto, salvo, pierde sus premios y oportunidades, tanto en esta vida como ante el tribunal de Cristo. El ser echado fuera, el secarse y el quemarse no se refieren a la pérdida de salvación sino a la del testimonio presente y la recompensa futura.

C. Hebreos 6:1-8

Este muy debatido pasaje ha sido interpretado de varias maneras. (1) El punto de vista arminiano ve a las personas descritas como creyentes que realmente pueden perder su salvación (“y recayeron”). Pero, por supuesto, si el pasaje enseña eso, también enseña que esa persona que ha perdido su salvación nunca puede ser salva por segunda vez, porque es imposible renovarlos de nuevo para el arrepentimiento.

(2) Otros ven esto como una referencia a creyentes profesantes que solamente recaen del conocimiento de la verdad a la cual han estado expuestos pero que nunca han aceptado personalmente. Según este punto de vista no se trata de la seguridad, puesto que los meros profesantes no son salvos.

(3) Yo personalmente entiendo que el pasaje describe a personas nacidas de nuevo. Las frases en los versículos 4 y 5 claramente se refieren a la experiencia de la conversión (cf. “iluminados” en 10:32, “gustar” en 2:9, y “participantes” en 12:8). Pero son creyentes inmaduros por su propia voluntad (cf. 5:11–14). Ahora bien, el escritor advierte, puesto que es imposible retroceder en la vida cristiana para empezar de nuevo (pero si se pudiera sería necesario recaer primero para poder regresar al principio), solamente quedan dos opciones: quedarse donde uno está en el estado de inmadurez, o ir adelante a la madurez (6:1). Puesto que el estado en que se hallaban no era deseable, este pasaje constituyó una fuerte amonestación a seguir adelante en la vida cristiana. Esta advertencia es similar a aquella que un maestro le pudiera dar a una clase: “Es imposible que ustedes, estudiantes, una vez matriculados en este curso, den marcha atrás al calendario (lo cual es irrealizable, pero que tendría que hacerse si uno fuera a volver al comienzo) para empezar este curso de nuevo. Por lo tanto, progresen en la adquisición de conocimientos”.

Las advertencias contra la inmadurez e infructuosidad son severas y las consecuencias significativas. Pero esas consecuencias no incluyen el infierno debido a haber perdido la vida eterna. Pablo se regocijó en la confianza de que nada, lo que indica cualquier cosa creada (y tiene que incluir a uno mismo), puede separamos del amor de Dios que es en Cristo (Romanos 8:38–39). Y otra vez declaró: “Si fuéremos infieles, él permanece fiel, él no puede negarse a sí Mismo” (2 Timoteo 2:13). La inmutabilidad del carácter de Dios garantiza una salvación segura.

2 Responses to “La vida eterna es…eterna”

  1. Raúl S. García says:

    Esta muy completo el artículo. Me gusto en especial la prosa de la sección “B”

  2. Jorge A. García says:

    Excelente artículo, me gusta por que todo lo fundamenta biblicamente.

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