Aporte de la Iglesia Gran Comisión de Monterrey a los líderes.
In: Estudio Bíblicos de jóvenes y solteros|Estudios Bíblicos de grupos
25 nov 2009
Por Sergio Handal
Antes de comenzar a tratar este tema tan apasionante quisiéramos hacer una importante referencia de la pagina de www.aguasvivas.cl. Y esta es la siguiente:
En Proverbios 19:14 encontramos: “La casa y las riquezas son herencia de los padres; mas de Jehová la mujer prudente.” Los padres pueden dejarle en herencia casa y riquezas, pero ¿de dónde viene la mujer, la esposa? No es herencia de los padres. Es un regalo de Dios. De la misma manera que Dios formó a Eva para Adán, Dios tiene en su corazón la esposa para ti varón, a su tiempo. Si te apresuras, y buscas por ti mismo, tal vez te equivoques.
Cuando dos jóvenes se conocen, se conocen sólo parcialmente. Diríamos que –con mucha fortuna– se conocen el 50% de lo que son. Pero justamente las cosas que dividen las parejas, y que producen las separaciones, están en ese otro 50% que no fue conocido en el noviazgo, y que después de casados asoman. Y suelen ser cosas tan dolorosas, tan terribles –son a veces pequeños defectos, pequeñas diferencias– que se van acumulando la una a la otra, y que hacen que el matrimonio no funcione.
El único que te conoce a ti mejor que ti mismo es Dios, y Él conoce a la persona que va a congeniar, a armonizar exactamente con tu personalidad. De tal manera que lo que uno no tenga el otro lo va a tener. La debilidad de uno la va a suplir la fortaleza del otro.
Cuando Dios une a una pareja, podrán ellos ir descubriendo, día tras día, año tras año, que aún esas cosas ocultas que estaban en el corazón, cuando surgen, en vez de producir dolor, producen gozo. Porque Dios escogió la persona idónea para ti.
Y tú dirás: “¡Oh, aun en esto se produjo una armonía! ¡Aun en esto nos complementamos!”. Esa es la elección de Dios.
No existe en la Biblia un Manual de cómo llegar al matrimonio. Sobre este tema se han escrito libros, ensayos, además de muchísimas conferencias, algunos a favor de las citas, otros en contra de las citas, etc. ¿Que podemos hacer ante toda esta información? Pues irnos a la información básica que encontramos en la Biblia que nos enseña que:
2 Corintios 6:14
No os unáis en yugo desigual con los incrédulos, porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión, la luz con las tinieblas?
Esto es lo curioso del caso, uno puede casarse con alguien que dice que es salvo, pero no compartir con esta persona los valores de vida y aun peor, no compartir el punto que viene a continuación.
Nota lo siguiente en el mismo pasaje de 2 de Corintios 6:15-18
¿Qué armonía puede haber entre Cristo y Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?
¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos?
Y vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo:
«Habitaré y andaré entre ellos;
yo seré su Dios
y ellos serán mi pueblo».
Por lo cual,
«Salid de en medio de ellos
y apartaos, dice el Señor,
y no toquéis lo impuro;
y yo os recibiré
y seré para vosotros por Padre,
y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso».
Es bastante claro que uno tiene muy poco, por no decir nada, en común con alguien que no pertenece al pueblo de Dios y si esta persona no ha crecido en madurez espiritual, es prácticamente un camino cuesta arriba.
Estamos seguros que el siguiente pensamiento te pueda ayudar mucho y es uno de los mejores consejos que te podemos dar:
La mejor manera de conocer a una persona es como amigo, no como novio.
Antes de involucrarte sentimental o emocionalmente con una persona es importante que la conozcas, que sepas quien es realmente esa persona, si es salva, si tiene carácter, si comparte tus valores, si es responsable en su casa, y para que esto suceda, lo mejor es que le conozcas como amigo y no como novio. Esto se puede dar en el contexto de las reuniones de jóvenes o solteros, en trabajos en grupos, en actividades ministeriales, etc.
No te olvides que de Jehová es el regalo de la pareja perfecta.
Liderazgo Hoy esta destinado a todo hombre y mujer que haya abrazado la visión de hacer de cada no creyente un discípulo.