Usar la palabra «transgénero» ya es ideológico, advierte un experto: no se puede cambiar de sexo

November 23rd, 2017

Usar la palabra «transgénero» ya es ideológico, advierte un experto: no se puede cambiar de sexo
Aceptar la palabra “transgénero”, y su correlato “cisgénero”, es aceptar también la afirmación ideológica de que el cambio de sexo es posible, contra toda evidencia cromosómica, somática, metafísica… Andrew T. Walker, doctor en Ética Cristiana por el Southern Baptist Theological Seminary y autor del libro de próxima aparición God and the Transgender Debate [Dios y el debate transgénero] ha reflexionado por extenso sobre la inadecuación de ese término en un artículo publicado en The Public Discourse:

Andrew T. Walker es director de estudios sobre ética y libertad religiosa en la Southern Baptist Convention, comunidad baptista del sur de Estados Unidos.

Actualmente, los debates culturales están llenos de nuevas palabras y conceptos. Creando “constructos” que dan nombre a teorías subjetivas, los progresistas intentan cristalizar sus teorías sociales dándoles la apariencia de certeza incuestionable.

Quienes controlan el lenguaje controlan los términos del debate. Las palabras crean y confirman ideas. Y si las nuevas palabras pueden dar significado a nuevos conceptos, con el paso del tiempo, al acostumbrarnos a su uso, dichos conceptos pasan a ser incuestionables.

Dos ejemplos: divorcio de mutuo acuerdo, sexo seguro
Tomemos, por ejemplo, el caso de la revolución sexual y una de sus herencias más infames, el “divorcio de mutuo acuerdo”. El divorcio de mutuo acuerdo intenta facilitar la disolución del matrimonio. Pero, pregúntese: ¿existe realmente un divorcio en el que ninguna de las partes tenga ninguna culpa y ambos estén de acuerdo? Desde luego que no. Pregúntele a cualquiera que haya pasado por uno. Un divorcio de mutuo acuerdo es meramente un mecanismo legal para que la disolución de un matrimonio se haga de manera más eficaz. Por consiguiente, este cambio en el vocabulario ha transformado nuestro modo de comprender el divorcio a nivel cultural.

¿Y qué decir de la expresión “sexo seguro”? El sexo seguro se vende a los adolescentes y a los adultos jóvenes con la promesa de que, con los accesorios correctos, uno puede disfrutar de encuentros sexuales sin ningún riesgo para la salud física, el propio bienestar emocional o sin correr el riesgo de embarazos no deseados. Pero como demuestra un número cada vez mayor de testimonios, toda una generación está siendo destrozada por los excesos del sexo separado del vínculo del matrimonio. De nuevo, el vocabulario ha revolucionado el significado cultural de la finalidad del sexo.

¿Qué es “transgénero”?
Esto nos lleva a la palabra que está de moda en la cultura actual: “Transgénero”. En nuestra cultura, transgénero significa muchas cosas. Mark Yarhouse, psicólogo cristiano, ofrece una definición clínica: “Es un término general aplicado a las muchas maneras con las que las personas pueden experimentar y/o presentar o expresar (realizar) sus identidades de género de manera distinta a la gente cuyo sentido de la identidad de género coincide con su sexo biológico”.

Understanding gender disphoria [Entender la disforia de género] es una de las obras consagradas por Mark Yarhouse a las polémicas del transexualismo.

Es una definición útil porque capta la amplitud de experiencias psicológicas de la gente que se percibe como transgénero, sin necesidad de aceptar los discutibles apuntalamientos ideológicos del movimiento transgénero. En un mundo posterior al pecado original, en el que los cristianos profesan que las cosas se han torcido, hay personas con trastornos psicológicos y enfermedades mentales que distorsionan su percepción de la realidad. La sensación de que una persona se siente mujer a pesar de tener una anatomía masculina encaja perfectamente en esta categoría. Los cristianos interpretan esas experiencias psicológicas confusas sencillamente como otra consecuencia de la Caída. [Nota de ReL: El autor se refiere a que la Caída o pecado original, al introducir el desorden en el mundo tal como Dios lo había creado para el hombre, es responsable genérico de los males inherentes a ese desorden, entre ellos la enfermedad, sin que por ello pueda entenderse vinculación intrínseca alguna entre las enfermedades físicas o psicológicas concretas de una persona concreta y sus pecados personales.]

Desgraciadamente, para la mayoría de la gente la semántica del transexualismo describe mucho más que la experiencia psicológica subjetiva de alguien. Para los progresistas laicistas, la existencia de personas que declaran tener una identidad transgénero fulmina las bases biológicas de la persona, vinculando la percepción psicológica a la propia persona ontológica. ¿Por qué? Porque la cultura ambiente ha elevado el concepto de “transgénero” a nivel de identidad personal. El testimonio personal sustituye a nuestra corporeidad. Aparentemente, la mayoría cultural ambiente acepta la idea de que pasar de un sexo a otro es algo realmente posible, a pesar de que es física y metafísicamente imposible.

La corrección política exige que no se estigmaticen los conflictos sobre identidad de género. Anteriormente, la disforia de género era considerada una enfermedad asociada con el Trastorno de Identidad de Género, una patología; pero gracias a la politización de la medicina conseguida por los activistas, lo que antes era una patología es ahora una identidad, una cosmovisión y una virtud política. Por lo tanto, la etiqueta “transgénero” no sólo se refiere a la afirmación de que existe una enfermedad mental, sino que transmite una ficción metafísica que busca ser aceptada y asumida a través de todos los canales de la cultura.

La razón por la que la gente puede insistir en que está “atrapada en el cuerpo equivocado” es porque, en el paradigma transgénero, la psicología manda sobre la ontología. Como nuestra percepción de nosotros mismos se utiliza para determinar la realidad, los activistas, y quienes no lo son, pueden insistir con total sinceridad en arbitrariedades del calibre de que los hombres pueden menstruar. Éste es el motivo por el cual la revista Time está intentando que los americanos normales acepten la idea de que los hombres pueden dar a luz. El movimiento transgénero necesita que se acepte la idea de que los hombres que se identifican como mujeres son realmente mujeres y las mujeres que se identifican como hombres son realmente hombres.

 

Durante un debate sobre la ideología de género en el programa del Dr. Drew en la CNN (a raíz del “cambio de sexo”, en abril de 2015, del ex atleta olímpico William/Catlyn Jenner), el transexual Zoey Tur cogió por el cuello al polemista conservador Ben Shapiro y le dijo: “Para ya o volverás a casa en ambulancia”. “Eso parece ligeramente inapropiado para un debate político”, le respondió Ben, quien se estaba refiriendo a Zoey como “sir” [señor]. El moderador y los contertulios, lejos de recriminar la amenaza, acusaron a Shapiro de ser grosero. “No es ser grosero decir que alguien que es biológicamente un hombre es un hombre”, replicó el joven. Pincha aquí para saber quién es Ben Shapiro y también pincha aquí para verle argumentar en otra ocasión sobre este mismo asunto.

Consideremos el fenómeno de las personas transgénero que celebran su “cumpleaños” no en la fecha de su nacimiento natural, sino en la fecha en la que revelaron públicamente su nueva identidad transgénero. Lo cual implica que la persona perteneciente a su género anterior ya no existe. Esta pseudo-resurrección, que presupone un dualismo del propio cuerpo, es un mito gnóstico. En otras palabras, un falso evangelio. En lo que tal vez sea la expresión más acabada de su individualismo, la era secular de la anti-razón nos exige que creamos que podemos arrasar nuestros cuerpos y construir a voluntad identidades alternativas e idealizadas.

Identidad cristiana e ideología transgénero
La cosmovisión cristiana no puede aceptar un movimiento que juega caprichosamente con el sexo biológico y la promesa de una auto-resurrección. La imagen que nos transmiten los primeros dos capítulos del Génesis es una imagen en la que los binarios divinamente orquestados se definen como un bien: el Cielo y la Tierra, la Noche y el Día, la Tierra y el Mar, el Hombre y la Mujer.

Lo que sí puede aceptar la cosmovisión cristiana, sin embargo, es un mundo como el que vemos en el tercer capítulo del Génesis, un mundo en el que la gente tiene una percepción rota de sí misma debido a la Caída.

La cosmovisión cristiana asume el testimonio de aquellos para quienes la disforia de género es una experiencia real que causa un sufrimiento atroz. La cosmovisión cristiana no puede, sin embargo, aceptar la idea que los hombres se conviertan en mujeres y las mujeres se conviertan en hombres. Ningún nivel de afirmación o descripción de uno mismo, por vehementemente sincero que sea, puede conseguir que las personas re-configuren sus cromosomas. Visto de esta manera, existir como “transgénero” es, en sí mismo, un constructo social creado por los revisionistas.

Esta es la razón por la que el uso simplista o involuntario del término “transgénero” es problemático. Las intenciones con las que la cultura dominante usa esta palabra son incompatibles con la antropología cristiana. La cultura dominante quiere que las personas acepten, sin ninguna sombra de duda, la idea de que alterar quirúrgicamente el propio cuerpo puede hacer que una persona se transforme en miembro de un sexo biológico diferente. El término transgénero puede servir para describir una amplia gama de experiencias de algunas personas, pero para quienes controlan la palabra por medio de la cultura dominante, “transgénero” indica un constructo de mucho más calado, que los cristianos deberían procurar no usar a la ligera. “Transgénero” es un neologismo repleto de supuestos ideológicos que los cristianos no pueden usar inocentemente.

Por las mismas razones, los cristianos no deben dar por buena la palabra “cisgénero”. En su uso común, “cisgénero” significa que el sexo biológico de una persona y su identidad de género coinciden. Antes de que existiera el concepto de transgénero, el término “cisgénero” no existía. Era meramente el estado normal de las cosas dado por el sexo biológico de la persona.

Es así como un mundo que acepta el transexualismo termina afectando a todos los demás: aceptar que algunas personas son verdaderamente de un género distinto al de sus cuerpos biológicos significa que todos los que no lo son se convierten en cisgénero. Pero las personas cuya identidad de género y sexo biológico coinciden no son cisgénero: son, sencillamente, personas que “funcionan bien”, personas que aceptan que la naturaleza de su existencia está determinada por el plan de Dios para el hombre.

Deberíamos evitar todo lo posible palabras como “transgénero” y “cisgénero”, porque usarlas a la ligera indica que aceptamos implícitamente ideas que violan no sólo el retrato bíblico de la dignidad humana, sino también las leyes de la racionalidad y los principios de una sana y sólida metafísica. Aunque he escrito un libro titulado God and the Transgender Debate [Dios y el debate transgénero], en el que utilizo dicho término, sigo creyendo que los cristianos deben ser cautos cuando utilizan a la ligera palabras que dan por buenos constructos fallidos e irracionales.

Seamos claros: las personas no son transgénero. Las personas no pueden ser transgénero. Las personas nacen siendo hombres y mujeres, con deseos, intuiciones y percepciones que, al ser consecuencia del pecado original, pueden hacer que el corazón y la mente se salgan del camino recto.

El rechazo del mundo por predicar la verdad
Indudablemente, si eres escéptico sobre la validez de la identidad transgénero de una persona, te acusarán de practicar “borrados”, otro neologismo de la comunidad transgénero que acusa a quienes se niegan a aceptar el transexualismo de hacer daño a una persona anulando su existencia en el género elegido por ella. Pero, ¿realmente los cristianos que rechazan la idea de que las personas pueden convertirse en miembros del sexo opuesto dañan a los demás? Ni mucho menos. Los cristianos que resisten a la presión cultural, que les exige que se dobleguen a sus exigencias, se mantienen firmes a la verdad. Tal vez nuestro vecino no comparta esta verdad revelada por Dios, pero las verdades de nuestra masculinidad y nuestra feminidad son verdades naturales de las que todos somos testigos consciente o inconscientemente. Más que borrarlas, el Evangelio cristiano nos ofrece a todos la capacidad de entender quiénes somos verdaderamente, cuál es nuestra mayor necesidad y cuál es la recompensa eterna que podremos disfrutar mucho después de que las arenas movedizas del progresismo laicista hayan quedado atrás.

Los cristianos tienen una identidad mejor que ofrecer al mundo. No hay personas “transgénero”. Hay personas que sufren disforia de género; no obstante, son personas que han sido hechas a imagen y semejanza de Dios, que las ama, personas por las que Cristo murió para que ellas pudieran vivir. No hay mejor identidad a la que podamos adherirnos que ésta. Todos los que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios somos personas caídas, pero también somos personas imbuidas de una inviolable dignidad. Los seres humanos son creaciones con una naturaleza que es diseño de Dios; no son un proyecto científico que puede ser re-inventado a voluntad.

Traducción de Helena Faccia Serrano y Carmelo López-Arias.

11 Ways Pastors Can Reignite Evangelism in Their Churches

July 8th, 2017

It’s not by hiring staff.

It’s not by starting building projects.

And it’s definitely not by doing direct mail and advertising.

I believe in advertising, but in the same way publishers know that great marketing will only make a bad book fail faster, evangelistically passionate senior pastors know marketing will only give a false sense of excitement and growth. Eventually, you’ll go right back to where you started when the effect of the advertising wears off.

Re-engaging your congregation in evangelism first starts by allowing God to change our hearts, and then by turning our attention to the congregations we serve and taking massive action.

Here, in no certain order, are some ways I’ve found that have helped the congregations I’ve served re-engage in evangelism once they’ve stopped:

1. Tell them you’ve lost your way.

But also say you have gone before Jesus and have asked him to change your heart. Literally tell them this from the stage, in an email, through a blog post and any other way that you can get the word out. Then don’t stop until every single person has heard about it.

2. Ask for your congregation’s forgiveness for taking your eye off the ball.

If you’ve fallen prey to false doctrine and have given up believing what the Bible says about hell, repent of that sin before them, as well.

3. Pick two to three specific ways you will personally engage lost people every single week, and commit to it.

Eating at the same restaurant, going to the gym at the same time, etc. Pick something that works and stick with it.

4. Schedule a lunch meeting with at least one non-Christian a week.

Go find lost people attending your services. Lead them to Christ. Disciple them. Repeat. I have a senior-pastor friend who has a goal to lead at least one person to Christ every week.

5. If you have staff, lead them to commit to the same things you’re doing.

This includes asking for forgiveness, scheduling two to threee ways to engage the lost each week, and scheduling at least one lunch or breakfast each week with a non-Christian.

6. Ask the people on your governing board to do the same things you’re asking of yourself and your staff.

Make sure you adjust for the more limited nature of their schedule.

7. Don’t be lured into thinking that changing your church’s programs will ignite evangelism.

This is the biggest thing I stress with senior pastors I coach. Focus on preaching and teaching to change your people’s lives outside the building. You want them to start living evangelistically brave lives.

What pastors often do is say, “We need to reach the lost. Let’s fix our children’s ministry.” Listen, you’re NOT failing to reach the lost because you have a lame children’s ministry. You have a lame children’s ministry because you’re not reaching the lost. Programs change when people change.

8. Start preaching like there are lots of non-Christians in the room.

Share stories of people coming to Christ and the changes he’s making in their lives.

9. Create a simple vision-casting phrase that rallies the church around evangelism.

Recently we’ve begun using the phrase #PrayForOne. I first heard it from Bo Chancey at Manchester Christian Church and really resonated with it. I keep casting vision about how if we wake up each day and pray, “God, let me cross paths today with someone that needs you,” he’ll answer that prayer. We’ve begun using the hashtag #PrayForOne on all our social media communications, and encourage our people to do the same. Try it.

10. Expect the “I’m not being fed” crowd to surface, criticize you and then leave in droves.

Let them leave. Senior pastors of outreach-focused churches know they truly aren’t being effective until the self-centered churched people that transferred from other churches (like they have multiple times before) start leaving. Nothing brings sinful, narcissistic behavior to the forefront like obedience to God in evangelism.

11. Assemble and stay engaged with a group of three or four evangelistically brave pastors.

Hold each other accountable. And together, keep praying, “God give me your heart for people going to hell in my area.”

You do these things and watch what happens.

Remember, it will take roughly two years for your church to do a 180-degree turn, but don’t get discouraged and quit. You can do this.

Brian Jones is a church planter, author and the founding and senior pastor of Christ’s Church of the Valley in Philadelphia. This article was originally published on SeniorPastorCentral.com.

El poder de las declaraciones personales basadas en la Biblia

April 6th, 2017

Este es un artículo del pastor Craig Groeschel. Es muy poderoso. 

The Power of Personal Declarations
When you wake up and begin a new day, where do your thoughts take you?
Are they positive? Or do they tend to be more negative?
If you find yourself with more negative thoughts, embrace this spiritual truth: our lives move in the direction of our strongest thoughts.
If we’re going to do everything God has called us to do in our families, churches, and communities, we must replace negative thoughts with God’s truth.

Ask yourself two questions:

1- What negative thoughts are influencing or hindering your life?

2- What spiritual truths can set you free from those strongholds?

Don’t rush past these questions. Spend some time here in honest reflection.
Next, let’s craft some statements that God can use to renew our minds as we meditate on who we are in Him. Our pastor, Craig Groeschel, has made this a daily discipline. Below are his daily declarations as well as a few others to inspire you as you craft your own.
Example Words to Live By
Below, you’ll find Pastor Craig’s personal declarations and many more ideas for Bible verses and truths you can use to renew your mind and fight back against negative thinking.

Pastor Craig’s Daily Declarations

  • Jesus is first in my life. I exist to serve and glorify Him.
  • I love my wife and will lay down my life to serve her.
  • My children will love God and serve Him with their whole hearts. I will nurture, equip, train, and empower them to do more for His kingdom than they can imagine.
  • I love people and believe the best about others.
  • I am disciplined. Christ in me is stronger than the wrong desires in me.
  • I am growing closer to Jesus every day. Because of Christ, my family is closer, my body is stronger, my faith is deeper, my leadership is sharper.
  • I am anointed, empowered, equipped and called to reach people far from God.
  • I am creative, innovative, driven, focused, and blessed beyond measure—because the Holy Spirit dwells within me.
  • I develop leaders. That’s not something I do. It’s who I am.
  • My words, thoughts, and imaginations are under the power of Christ. I take all thoughts captive and make them obedient to Christ.
  • I wake up with purpose, direction, and meaning every day of my life.
  • Pain is my friend. I rejoice in suffering because Christ suffered for me.
  • I bring my best and then some. It’s what I bring after I do my best that makes the difference.
  • The world will be different and better because I served Jesus today.

Because of Jesus …

  • I am a child of God. (Galatians 3:26)
  • I am a spiritual contributor, not a spiritual consumer.
  • I am alive. (Romans 6:11)
  • I am a faith-filled, life-speaking, fully devoted follower of Christ.
  • I am Christ’s ambassador. (2 Corinthians 5:20)
  • I am a masterpiece. (Ephesians 2:10)
  • I am content in Christ alone.
  • I am chosen. (Ephesians 1:4)
  • I am determined to love God and people with everything I have.
  • I am a child of God. (John 1:12-13)
  • I am strengthened by God who upholds me, protects me, and defends me.
  • I am joyful. (Galatians 5:22-23)
  • I am gentle. (Galatians 5:22-23)
  • I am not easily offended and will not hold onto bitterness.
  • I am patient. (Galatians 5:22-23)
  • I am faithful. (Galatians 5:22-23)
  • I am self-controlled. (Galatians 5:22-23)
  • I am kind. (Galatians 5:22-23)
  • I am known—even before I was born. (Jeremiah 1:5)
  • I am steady. (Psalm 91:1)
  • I am not alone—God is with me.
  • I am loved. (John 3:16)
  • I am fierce in confidence and boldness because God is with me.
  • I am free. (John 8:32)
  • I am healed. (1 Peter 2:24)
  • I am unashamed. (Romans 8:1)
  • I am called and equipped to go after the righteous desires God puts in my heart.
  • I am strong. (1 John 2:14)
  • I am fearless. (Isaiah 43:5)
  • I am secure. (John 10:28-29)
  • I am not a people-pleaser because I answer to God first and seek to please Him.
  • I am a new creation. (2 Corinthians 5:17)
  • I am not shaken. (Psalm 62:6)
  • I am not stuck in worry because Jesus offers a peace this world cannot give.
  • I am born again. (1 Peter 1:23)
  • I am more than a conqueror. (Romans 8:37)
  • I am named by God, not labeled by man.
  • I am the light of the world. (Matthew 5:14)
  • I am mighty in His power. (Ephesians 6:10)
  • I am the Church and I exist for the world. (1 Corinthians 12:27)

For Women

  • I am the daughter of the King of all kings.
  • Because of Jesus, I lack nothing.
  • God has given me everything I need to do what He’s called me to do.
  • I speak encouraging, life-giving words and build others up.
  • The joy of the Lord is my strength. (Nehemiah 8:10)
  • I will not compare myself to other women. God made us all beautifully unique.
  • I will hold myself to God’s standards and measure myself with grace.
  • I will love and laugh rather than fight and complain.
  • I refuse to waste my life on meaningless things.
  • I will act justly, love mercy, and walk humbly with my God. (Micah 6:8)
  • Through Christ I am strong, gentle, fierce, and compassionate.
  • I will fight the good fight for what matters most. (2 Timothy 4:7)

For Men

  • I am the son of the King of all kings.
  • I lay down my pride and selfishness, giving all glory to the one true God.
  • I love my family like Christ loved the Church—giving Himself up for her.
  • I fight for purity, guarding my eyes and heart from tempting situations.
  • I seek friendships with other godly men to sharpen my perspective. (Proverbs 27:17)
  • I wait for God to open the right doors and take action when He does.
  • I’m not defined by my failures or successes.
  • I finish what I start.
  • I never give up!
  • I will act justly, love mercy, and walk humbly with my God. (Micah 6:8)
  • Through Christ I am strong, gentle, fierce, and compassionate.
  • I am a warrior! I stand firm, even when the pain is crippling because God is my strength.
  • I will fight the good fight for what matters most. (2 Timothy 4:7)

If you think this content would be helpful to your whole church, Craig’s sermon “Words to Live By” is available to download for free on the Life.Church Open Network.
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